Contra la violencia del tráfico: NO al coche, NO a la moto, NO más carreteras
El coche y la moto, en el siglo XX, nos han dejado 30 millones de muertos y cientos de millones de heridos. Sólo en España hay al año unos 5.000 muertos, unos 130.000 heridos (es la principal causa de muerte entre los jóvenes) y unas 15.000 muertes prematuras por la contaminación del aire. Si además, tenemos en cuenta las invasiones y guerras indispensables para llenar el depósito, la cifra es, si cabe, más escalofriante.
La matanza diaria del tráfico nos es presentada en los medios por las administraciones públicas como accidentes o fatalidades de responsabilidad individual (Convención andaluza sobre la atención a los accidentes de tráfico. Granada 14, 15 y 16 noviembre). Sin embargo, se dedican a priorizar la fluidez del tráfico frente a la seguridad en el diseño del viario, a homologar vehículos que alcanzan velocidades que el cuerpo humano no puede soportar en impactos inevitables, a planificar el territorio haciendo a la población dependiente del transporte motorizado y a permitir la omnipresencia de la publicidad de automóviles. Cuantos más automóviles hay, más desagradable es la vida y menos útiles son. ¿“No podemos conducir por ti”? El conductor de tren sí puede.
Vivimos un crecimiento sin freno del transporte cotidiano de mercancías y personas, imprescindible para el desarrollo y el crecimiento económico. Las industrias del automóvil, de la obra civil y de los carburantes se han convertido en el primer poder económico y mediático y, en colaboración con las administraciones públicas, han modelado el territorio, la sociedad y sus pautas de comportamiento en función de su beneficio económico y en detrimento de la salud de las personas.
Los conductores, independientemente de su conciencia vial, adaptan su conducción en función del riesgo que perciben; tendrán modos de conducción más arriesgados cuantas mayores protecciones técnicas haya en su vehículo o en el viario (teoría de
Las industrias interesadas y las administraciones públicas están actuando con plena conciencia de las consecuencias fatales que necesariamente se derivan del crecimiento económico y de las estrategias corporativas de maximización de beneficios a cualquier precio. Ha llegado ya el momento de identificar estas conductas como culpables.
Puedes ayudarnos a difundir este texto, bájate el panfleto pinchando AQUÍ
Recomendamos la lectura de la fuente donde hemos bebido (hay muchos otros que podéis ver en el menú de la derecha BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA):
Cercanía o transporte. Reflexiones sobre la sociedad del automóvil (recopilación, en formato revista, de los textos que tienes a continuación)
La reducción del tráfico de automóviles: una política urgente de promoción de la salud (José A. Tapia Granados)
Los accidentes de automóvil: una matanza calculada (Antonio Estevan)
La enfermedad del transporte (Antonio Estevan)
Recomendamos la lectura de la fuente donde hemos bebido (hay muchos otros que podéis ver en el menú de la derecha BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA):
Cercanía o transporte. Reflexiones sobre la sociedad del automóvil (recopilación, en formato revista, de los textos que tienes a continuación)
La reducción del tráfico de automóviles: una política urgente de promoción de la salud (José A. Tapia Granados)
Los accidentes de automóvil: una matanza calculada (Antonio Estevan)
La enfermedad del transporte (Antonio Estevan)

3 comentarios:
Olé! Buena síntesis de las causas y los efectos.
¡Magnífico! Y me pregunto si no hay alguna forma legal de poner en práctica lo de que "ha llegado el momento de identificar estas conductas como culpables".
¿Hay algún abogado en la sala?
El tabaco es un buen ejemplo. Teniendo en cuenta que los efectos del automóvil son mucho peor en todos los niveles
Publicar un comentario en la entrada